miércoles, 8 de octubre de 2008

Congreso de Junín 25 de Agosto de 2007












Congreso Extraordinario



Partido Socialista de la Provincia de Buenos Aires



Junin, 25 de Agosto de 2007
Declaracion Final

Crecimiento con igualdad, el desafío socialista

La Argentina vive una coyuntura decisiva donde cada día con mayor claridad confrontan dos proyectos de Nación। No se trata sólo de un producto de la crisis política y social que estalló violentamente en el 2001, sino también de tendencias mas vastas, a nivel mundial, que cuestionan el viejo sistema de representación meramente delegativa y el sistema de partidos de la centuria pasada, proponiendo configuraciones más acordes con los nuevos desafíos de la época.

A los socialistas, esta nueva realidad no sólo nos remite a una ratificación de nuestra propia identidad y de nuestros valores históricos, sino que nos permite relanzar nuestra acción en el nuevo contexto nacional, regional e internacional.

Se trata de reivindicar nuestra propia tradición política y cultural de más de un siglo, al mismo tiempo que abrirnos a una vocación frentista que propicie y fortalezca las tendencias progresistas de la sociedad.

Se trata de concertar en la diversidad, que no es subsumir en un pensamiento único las opiniones de cada fuerza ni propiciar unanimidades artificiales, sino la posibilidad de debatir construyendo y construir debatiendo el nuevo proyecto de Nación.
Tanto en la región como en nuestro país se tiende a conformar bloques antagónicos: unos que agrupan a las fuerzas de centroizquierda, que desarrollan políticas de creciente inclusión y propósitos redistributivos de la riqueza, y otros partidarios de preservar el modelo neoliberal, agrupados en opciones de centroderecha.
Ambos proyectos de Nación atraviesan a los distintos actores políticos, sociales, económicos y culturales, y actúan como divisoria de aguas entre dos concepciones: la que propicia construir un modelo de desarrollo autónomo y sostenible que favorezca la inclusión y el protagonismo popular, y su contraria, la de perpetuar el status quo tradicional para que los beneficios del crecimiento favorezcan a unos pocos, y para que el poder sea el recurso servil de los que más tienen.
Cualquier análisis desprejuiciado permite comprobar que el gobierno nacional, aun con limitaciones, intenta desarrollar políticas públicas de mayor inclusión social, protagonismo estatal, fortalecimiento regional y política exterior independiente, al tiempo que los sectores ligados al privilegio dan batalla para reconstruir la hegemonía neoliberal noventista y su mercado.

En ese contexto, una seudo oposición trata de encubrir sus propósitos apelando a una retórica descalificadora llena de alusiones confesionales y amenazas proféticas.
En estas condiciones el Partido Socialista no puede permanecer al margen, encerrado en una supuesta neutralidad. Por el contrario, está obligado a asumir con madurez el compromiso de aportar a la construcción del proyecto político que desde la coincidencia plural modifique las condiciones de vida de los más postergados.

Como todo proyecto transformador, éste no estará exento de contradicciones, pero su desarrollo mismo y su articulación práctica alejará los fantasmas de hegemonías y pensamiento único, consolidando un espacio abierto y participativo.

La profundización de un cambio posible
Cuando los índices de pobreza del primer semestre del 2007 se sitúan en el 25.6% frente al 54% del 2003; cuando la tasa de crecimiento anual ronda el 8%; cuando las jubilaciones y pensiones mínimas acumulan un 27% de aumento en lo que va del año, combinado con la incorporación de más de un millón y medio de desprotegidos al sistema previsional; cuando las retenciones impuestas al campo sobre los productos primarios superan el 20%; cuando el desempleo se ubica en un dígito, la tasa de crecimiento del sector de la construcción ha crecido un 18% y la contribución del sector industrial al crecimiento económico ha sido del 17%, urge tanto reconocer la discontinuidad con el modelo que sostuvo la hegemonía neoliberal de los noventa, como reconocer el desarrollo de otro modelo de acumulación y crecimiento.

Por supuesto que estos logros no son suficientes para paliar las profundas desigualdades económicas y sociales, ni alcanzan para desbaratar el legado de décadas de desmantelamiento de la estructura productiva del país, llevada adelante por sectores políticos, económicos y sociales que aún hoy intentan a toda costa y de mil maneras posibles preservar sus privilegios, contracara exacta de la pobreza a la que se han visto reducidos la mayoría de los argentinos.

Hace falta resolver las demandas pendientes de mejor redistribución del ingreso, de acceso a un ingreso mínimo universal, de mayor participación popular, de seguridad personal sin detrimento de la libertad ni los derechos y de perfeccionamiento de la calidad institucional.

Las banderas históricas que el socialismo ha sabido honrar en más de un siglo de vida permanecen vigentes en los reclamos por la igualdad; por una democracia participativa que se construya a partir del debate y el disenso; por una gestión de la cosa pública eficiente y al servicio de los intereses del pueblo.

Esos reclamos serían estériles si quedaran en la simple denuncia o la mera retórica. Por ello el socialismo se plantea un plan de acciones ambiciosas, para ser valorado por lo que hace y no por lo que dice, asumiendo la responsabilidad de ser partícipe de un cambio posible que hoy debe impulsar el crecimiento con igualdad.

Los dilemas de la oposición
Reconocer los logros que el actual gobierno ha tenido en la modificación de la hegemonía de los noventa y en la limitación de las estructuras de poder en que esta se cimentaba, no condujo a la oposición centroderechista a redefinir posiciones.

En el caso de la izquierda democrática, la reflexión no podría ser desplazada por consignas vacías y compromisos simplemente testimoniales, porque la capacidad crítica no se pierde en la decisión de sumar esfuerzos a una necesaria reconfiguración como un actor político relevante, con capacidad para profundizar los aciertos y enmendar los errores.

Cuando lo que está en juego son los avances realizados en materia de derechos humanos, de saneamiento de la Justicia, de inclusión de los sectores más postergados, de recuperación de la memoria colectiva, de protagonismo del Estado, de integración regional, se requiere tener la madurez política necesaria para contribuir responsablemente al proyecto de fortalecer una democracia con igualdad social, que permita la búsqueda de una nueva síntesis entre las diversas tradiciones políticas democráticas, y se eleve por sobre los errores del pasado con el genuino anhelo de poner el proyecto político del socialismo al servicio de todos los bonaerenses.

Por todo ello, El Congreso Extraordinario del Partido Socialista de la provincia de Buenos Aires, reunido en Junín el día 25 de agosto de 2007 Resuelve:
Primero: Integrar, con miras a los comicios del próximo 28 de Octubre de 2007, la alianza electoral encabezada por el Partido para la Victoria y conformada también por otras fuerzas políticas afines.
Segundo: Integrar las listas de candidatos a cargos públicos para todas las categorías electorales en la alianza aludida precedentemente.
Tercero: Autorizar a los candidatos del Partido Socialista a participar en la categoría de cargos municipales en listas propias del Partido Socialista o como candidatos extrapartidarios –siempre para cargos municipales- en partidos o alianzas electorales distintas a la señalada en el punto Primero de la presente.
Cuarta: Autorizar a los apoderados partidarios Oscar R. González y Guillermo F. Torremare a conformar e inscribir la alianza resuelta, como así también las respectivas listas de candidatos en los términos del presente resolutorio, ante las autoridades electorales que correspondan.

No hay comentarios: